Revista de la Cátedra II de Psicopatología | Facultad de Psicología | Universidad de Buenos Aires
ANCLA 6 - "Locuras y perversiones"
Septiembre 2016
ELUCIDACIONES

Daniel Gottlieb Schreber: perversión y locura, de padre a hijo

Darío Charaf

"Esta idea chiflada del redentor surgió en la medida en que
hay relación de hijo a padre, y esto desde hace mucho tiempo.
El sadismo es para el padre, el masoquismo es para el hijo"

Lacan 1975-76, p. 82

I. Introducción

En este trabajo nos proponemos abordar algunos fragmentos de la vida y la obra del padre de Daniel Paul Schreber -autor de las famosas Memorias de un enfermo de nervios (SCHREBER 1903)- en el marco de la concepción de la locura y la perversión que se desprende de la última enseñanza de Lacan: «Todo el mundo es loco, es decir, delirante» (LACAN 1978) y «toda sexualidad humana es perversa» (LACAN 1975-76, 150) son dos frases que Lacan dice extraer de Freud, mediante las cuales universaliza en su última enseñanza la locura y la perversión (para "todo el mundo" en el primer caso, y para "toda sexualidad humana" en el segundo).

Se tratará entonces aquí de analizar desde esta perspectiva los textos de diversos autores postfreudianos (Cf. BAUMEYER 1956; KATAN 1959; NIEDERLAND 1951, 1959a, 1959b, 1960, 1963,1968) que, contemporáneamente al abordaje que Lacan realizó de las Memorias de Schreber (LACAN 1955-56; 1958), se dedicaron a aportar nuevos datos biográficos sobre Schreber y, en especial, sobre su padre; datos con los que Freud no contaba al realizar sus puntualizaciones (FREUD 1911). En este abordaje de la "versión del padre" schreberiana intentaremos entonces situar perversión y locura en el padre de Schreber, y los ecos y resonancias que ellas tuvieron en el delirio del hijo: propondremos entonces la hipótesis de que la perversión del padre se continuó, por así decir, en la locura del hijo; esto es, que hay relación entre la perversión del padre y el delirio del hijo. Abordando así la père-version schreberiana de modo implícito bordeamos también la cuestión de la transmisión paterna y las versiones del padre en las psicosis (LEIBSON 2012).

II. Un padre "excelente"

Daniel Gottlieb[1] Moritz Schreber (1808-1861) no fue un hombre "insignificante" (FREUD 1911, 48). Eminente médico y ortopedista, fue también un prolífico escritor, conferencista, educador e inventor (NIEDERLAND 1960, 197); entre los muchos libros (cerca de veinte) que publicó, su Gimnasia médica casera -que llevó a que su autor fuera considerado el fundador de la "gimnasia terapéutica" en Alemania- tuvo amplia difusión: en la época de Freud este libro había sobrepasado las veintiséis ediciones y había sido traducido al inglés. El apellido "Schreber" ya era célebre en el mundo germanoparlante mucho antes de que Daniel Paul fuera candidato al Parlamento, nombrado juez de la Corte Suprema de Dresde y luego se volviera famoso como autor de las Memorias que fueron objeto del análisis de Freud.

Reformador educativo y social de la medicina, en la obra a la que dedicó toda su vida Gottlieb Schreber se interesó especialmente por los problemas de la crianza de los niños, la cultura física, la formación metódica del cuerpo mediante la gimnasia, la medicina preventiva, la higiene escolar y la salud pública (NIEDERLAND 1959a, 179); uno de sus biógrafos, L.M. Politzer, lo califica como «un hombre de acción de tremendo entusiasmo y resistencia» (ídem.) y lo considera "un gran líder y pionero". Padre de cinco hijos[2], parece ser que «durante su adolescencia Schreber había sido un joven bastante perturbado. (…) El doctor Schreber era un hombre de poca estatura, poco desarrollado físicamente en su juventud, su salud había sido delicada. Gracias a un persistente entrenamiento, a un gran esfuerzo personal y a ejercicios musculares metódicos, logró convertirse en un hombre robusto, "uno de los mejores y más elegantes atletas de su tiempo… Éste fue el punto inicial de sus escritos y de su preocupación por los demás en el campo de la cultura física"» (NIEDERLAND 1960, 199).

Uno de sus libros[3], El libro de los ejercicios para el cuerpo y el alma, resulta particularmente ilustrativo de su doctrina. Dedicado a la "Bendición de las generaciones futuras", este libro pretende ser una "guía para padres y educadores" (NIEDERLAND 1959a, 181), a quienes exhorta a que apliquen sus ideas y métodos didácticos: «Estos debían ser emprendidos en niños de temprana edad, y por cierto no después de haber cumplido el segundo año de vida; consistían esencialmente en un sistema de ejercicios físicos y estrictas reglas disciplinarias. El libro acentúa de manera constante la necesidad de una aplicación rígida, meticulosa e inquebrantablemente severa» (NIEDERLAND 1960, 200). Se encuentran allí minuciosas indicaciones para la regulación del comportamiento del niño (cuando come, se sienta, duerme, etc.), se aconseja a padres y educadores que hagan uso de una máxima presión y coerción durante los primeros años de vida del niño, para promover así la salud mental y corporal sometiendo al niño a un rígido sistema de entrenamiento físico, de ejercicios musculares metódicos combinados con medidas restrictivas y castigos. Se dedica también allí a la elaboración de un "sistema de posturas" para que la espalda del niño permaneciera siempre derecha: «Como el doctor Schreber parece haber estado obsesivamente preocupado por la postura de los niños, y en especial por las medidas activas orientadas hacia el desarrollo y el mantenimiento de la postura más recta posible en todo momento -estuvieran parados, sentados, acostados o caminando-, construyó ciertos aparatos ortopédicos[4] para lograr tales fines» (NIEDERLAND 1959a, 182).

Las reglas detalladas para cada comportamiento del niño durante todas las horas de su rutina diaria deben convertirse, según Gottlieb Schreber, en una "ley suprema", sin que se le permita al niño "ninguna desviación del procedimiento establecido", y deben ser sostenidas con amenazas de castigo inmediato en caso de no cumplimiento (por ejemplo, el retiro del almuerzo o el desayuno). Debe combatirse la mala pronunciación de palabras y sílabas, así como "los comienzos de la pasión", es decir, la masturbación. Los castigos deben realizarse desde "la más temprana edad" con absoluta severidad; sin embargo, «El doctor Schreber recuerda entonces al lector que nunca debe olvidarse, cuando el niño ha sido castigado, de obligarlo a "tender la mano al ejecutor del castigo"; esto protege al niño "contra la posibilidad del despecho y la amargura"» (NIEDERLAND 1959a, 185). Se recomienda a su vez la colocación de un pizarrón en el cuarto de los niños, donde se anota cada acto de desobediencia durante el mes, para realizar luego una reunión familiar en la que en presencia de todos los miembros de la familia se castiga o se alaba al niño sobre la base de las anotaciones. De esta manera, la docilidad, completa sumisión y "rendición pasiva" de los niños así educados «será tal que no habrá necesidad de continuar este tratamiento después del quinto o sexto año de vida» (ídem.).

Niederland señala a su vez que el autor de las Memorias fue educado en su infancia según la doctrina de su padre: «los métodos y reglas formulados por el doctor Schreber no eran simplemente principios teóricos ofrecidos al público en forma de libro, sino que también eran activa, regular y personalmente aplicados por él en la educación de sus propios hijos, con positivos efectos, tal como nos informa con paternal orgullo. Por cierto, adjudica una influencia salvadora al uso de estos métodos con uno de sus hijos» (Ibíd., 181); «el doctor Schreber, el padre, el médico, el educador y el reformador, muy probablemente eligió a sus hijos varones como objetos de su "experimentación" reformatoria» (Ibíd., 194); «tenía el hábito de aplicar a sus hijos varones -o por lo menos de probar con ellos- los procedimientos ortopédicos utilizados en su trabajo profesional con niños deformes (…) Con el celo misionario del reformador, parece haber convertido esos métodos ortopédicos, originalmente limitados, en un sistema general de la cultura física. (…) Añadía continuamente nuevas ideas disciplinarias, morales y religiosas[5] a sus principios higiénico-terapéuticos (…) El fin era convertido prácticamente en un modo de vida. Quizá no sorprenda que Ritter, el biógrafo de Schreber, que también expresa su admiración por Hitler, encuentre en el primero una especie de precursor espiritual del nazismo[6] (…) Muchos de los principios educativos de Schreber (…) se basan en la destrucción radical de la "cruda naturaleza de los niños". Desde la más temprana edad, todos los intentos de independencia, desobediencia a las reglas, pasiones y malos hábitos deben ser tratados rápida y drásticamente. Los métodos recomendados son las amonestaciones verbales, la coerción mecánica y el castigo físico. Se puede establecer así un estado de obediencia total en cualquier niño antes de los cinco o seis años» (NIEDERLAND 1960, 201).

Al hacer un resumen de su biografía Niederland dice que Gottlieb Schreber, considerado por Freud como "un padre excelente" (FREUD 1911, 72), era: «a) Un reformador con entusiasmo de misionero, dedicado total, y quizá fanáticamente, a sus objetivos en el campo de la cultura y la salud físicas (lo que los alemanes llaman un Gesundheitsapostel); b) Una personalidad de enorme y perdurable influencia, (…) así como el fundador de un movimiento cultista que sobrevive hasta nuestros días. (…) c) El doctor Schreber era un hombre enfermo» (NIEDERLAND 1960, 198; subrayado del autor).

III. Un padre "enfermo"

En la historia clínica hallada en el Hospicio de Leipzig-Dösen, en donde Daniel Paul Schreber cursó su tercera y última internación, se encontró la siguiente referencia a su padre: «Herencia: su padre (creador de los "Jardines Schreber" en Leipzig) sufrió de ideas obsesivas con tendencias homicidas» (BAUMEYER 1956, 13), tendencias también calificadas como "impulsos asesinos manifiestos" (NIEDERLAND 1960, 199). Niederland informa también que a fines de la década de 1850 Gottlieb Schreber, a los 51 años, sufrió un serio accidente cuando una escalera de hierro cayó sobre su cabeza en el gimnasio al que asistía habitualmente. Como secuela de esta herida, de la que al parecer nunca se recobró, el doctor presentó "un estado prolongado y crónico de la cabeza", una "extraña enfermedad de la cabeza", acompañada por "síntomas mentales" que llevaron a que uno de sus biógrafos se pregunte «"si en realidad este accidente con la escalera o quizás un grave trastorno nervioso" no relacionado con la herida de la cabeza, pudo haber sido el origen de su enfermedad» (NIEDERLAND 1959a, 188). Ya antes de este accidente, según Niederland, el padre de Schreber presentó «un grado considerable de psicopatología (…) ataques de melancolía, meditaciones morbosas y atormentadores impulsos criminales» (NIEDERLAND 1960, 199). Y agrega: «la psicopatología del padre, tal como se demuestra en sus escritos, debe haber provocado un impacto directo y presumiblemente de gran fuerza no sólo sobre el público (…) sino en especial sobre su propia familia. (…) las correas, los cintos y otras formas de sujeción mecánica fueron de su propia invención. Obviamente, se originaban en su propia patología, fueron recomendados y aplicados por él, racionalizados como reformas educacionales, y por lo menos algunos de sus hijos estuvieron supeditados a este "santo" propósito» (NIEDERLAND 1959a, 187).

Niederland y Katan coinciden en calificar de "sádico" al padre de Schreber[7]. Katan califica a Gottlieb Schreber de "torturador" (KATAN 1959, 76), destaca la "forma particularmente sádica" (Ibíd., 74) en que trataba a su hijo y califica también de sádica su forma de crianza (Ibíd., 71): «Tal padre merece el nombre de hipócrita. Bajo la apariencia de preocuparse por el interés de su hijo, lo somete a un cruel tratamiento de pruebas y de castigos» (Ibíd., 70). Destaca, a su vez, la "disparidad entre las palabras del padre y sus acciones" (Ibíd., 71). Al respecto Niederland afirma que el "sadismo" de este médico -"auxiliar de Dios" (GODOY 2012) y de la "raza" alemana-, «a duras penas se ocultaba bajo la apariencia de un venero de ideas médicas, reformadoras, religiosas y filantrópicas» (NIEDERLAND 1959b, 208); «utilizaba un sistema "científicamente" elaborado, de inflexible presión mental y corporal alternado con la indulgencia ocasional, una secuencia metódica de terror aplicado de manera estudiada, e interrumpida por períodos compensatorios de benevolencia seductora» (Ibíd., 209). A continuación, describe toda una serie de "admoniciones corporales" (bañar al niño de tres meses de vida sólo con agua fría para "endurecerlo" físicamente, golpear fuertemente sobre la cuna o "suavemente" sobre el cuerpo del niño ante el primer llanto, etc.) mediante las cuales, en palabras del doctor Schreber, «uno se convierte en amo del niño para siempre. A partir de entonces una mirada, una palabra, un simple gesto amenazante son suficientes para gobernar al niño» (citado en NIEDERLAND 1959b, 210).

Niederland subraya entonces «Las acciones agresivas y coercitivas del padre; los artefactos ortopédicos; los aspectos desmembrados, destruidos del cuerpo humano[8]; la violencia y el ímpetu autoritario de las prohibiciones» (Ibíd., 225) y deduce de ello la "psicopatología del padre": «La lucha defensiva de éste contra su propio sadismo se trasluce en sus textos sobre el cuidado de los niños; por ejemplo, insiste en que todas las prácticas manipulatorias y las acciones coercitivas sobre el cuerpo del niño sean realizadas incunde, como él lo expresa, es decir de manera agradable y placentera para el niño» (Ibíd., 212; subrayado del autor).

Finalmente, tratándose de sadismo no debería estar ausente el papel de la voz como objeto (LACAN 1962-63). En efecto, dice Niederland: «Otro factor de importancia considerable en la vida temprana de Schreber debe haber sido la voz del padre, no sólo en el sentido habitual de voz directiva y guía de su niñez, sino más específicamente como el instrumento principal de las múltiples actividades del padre en su carácter de vehemente predicador y orador, infatigable maestro y emisor de exhortaciones, prohibiciones y halagos orales. (…) [Gottlieb] Schreber era, en realidad, un reformador con una misión, un educador con un único objetivo o según la terminología del hijo, un "Apóstol" y un "Dios", una especie de Dios verboso y locuaz (…). En la mayoría de sus libros se percibe una nota inflexible de prédica, y hasta se puede imaginar su voz en las largas oraciones, amonestando, disertando, reprendiendo y exhortando» (NIEDERLAND 1959b, 213-214).

Creemos entonces que, además de la "enfermedad nerviosa" tras el accidente con la escalera, puede sostenerse la hipótesis de la existencia de un rasgo de perversión, más específicamente de sadismo, en el padre de Schreber.

IV. De la perversión del padre a la locura del hijo

Tanto Niederland como Katan encuentran numerosas correlaciones entre la vida y sobre todo la obra de Gottlieb Schreber y las Memorias de Daniel Paul, entre la perversión supuesta del padre y la locura del hijo[9]. Así, por ejemplo, al comparar las Memorias de Paul con los escritos de su padre, y atendiendo al carácter impuesto de las palabras del "lenguaje fundamental" y los términos médicos que allí proliferan, Katan propone que «la "lengua fundamental" refleja el lenguaje utilizado por el padre de Schreber» (KATAN 1959, 67). También propone, en sintonía con Freud, que este lenguaje ampuloso lleno de "eufemismos"[10] y en el cual muchas palabras significan su contrario (por ejemplo "almas examinadas" significa su contrario: "almas que aún no han pasado la prueba"), es un modo en que, al mismo tiempo que manifiesta respeto y temor, Schreber hijo se burla de su padre: «devuelve lo que su padre le ha arrojado. Si el padre predica que el pequeño Schreber debe estar agradecido por los castigos mediante palabras duras, su hijo expresa su crítica burlona invirtiendo una cantidad de significados: por ejemplo, "recompensa" significa "castigo"» (Ibíd., 72). En sintonía con ello, Niederland realiza una sorprendente colección de «correlaciones entre las producciones mentales paternas y filiales» (NIEDERLAND 1959a, 161). Aquí sólo mencionaremos algunas de ellas.

Las frecuentes quejas de Schreber hijo -al inicio de su segunda enfermedad a los 51 años- acerca de su cabeza y de haber sufrido un "reblandecimiento de cerebro" son asociadas por Niederland con los síntomas presentados por el padre tras el accidente con la escalera que hirió su cabeza, también a los 51 años (Ibíd., 189). Destaca que en las Memorias del hijo se encuentra el mismo "fervor misionario" y la misma "grandiosidad apostólica" -para promover el surgimiento de "una nueva raza de hombres"- que en los textos del padre, "pero de manera mágica y arcaica" (Ibíd., 191), como una "elaboración delirante" de las ideas del padre. Analiza los numerosos "milagros de Dios" que afectan el cuerpo de Paul y los interpreta como "distorsiones delirantes" de los «pesados, coercitivos y seductores manipuleos del padre sobre el cuerpo del hijo» (Ibíd., 192)[11]. Destaca en los escritos de Gottlieb las referencias a Dios y a los "rayos" (Ibíd., 193), a la "estructura milagrosa del organismo humano" y las maravillas de Dios (NIEDERLAND 1963, 249), así como las constantes referencias a los "nervios" (NIEDERLAND 1959b, 213); y asocia el examen constante que el padre realizaba sobre su hijo (y la escritura de todas sus acciones en un pizarrón) con la idea del hijo acerca de las "almas examinadas" y "probadas" (NIEDERLAND 1960, 202). Mientras el padre se dedicó a una ferviente campaña contra la masturbación (NIEDERLAND 1959b, 213), el hijo en sus Memorias refiere haber sido acusado por sus médicos y enfermeros de haberse masturbado; Schreber acusa a Flechsig de usar a los pacientes como "objeto de experimentación", mientras que en su infancia de hecho él mismo fue objeto de experimentos para su padre. De su extenso análisis Niederland concluye que «el Weltanschauung [cosmovisión, visión del mundo] paterno reaparece en la cosmología delirante del hijo» (NIEDERLAND 1963, 248) y que «La materia prima no delirante de casi todo esto puede hallarse en los escritos médicos y filosóficos del padre» (ídem)[12].

Ambos autores terminan por subrayar las consecuencias "psicopatológicas" que el método de educación "sádico" de Gottlieb tuvo en su hijo Daniel Paul (y también en su hermano Gustav). Para Niederland la "temprana relación traumática" (Ibíd., 240) entre padre e hijo fue «supersolícita, simbiótica y subjetivamente abrumadora» (NIEDERLAND 1968, 257), hasta el accidente de la escalera, tras lo cual Gottlieb se "recluyó" e interrumpió súbitamente su relación con su hijo, por entonces adolescente. Destaca así mismo la "cosificación" de la que fue objeto Paul en su infancia (NIEDERLAND 1959b, 219) debido a su "crianza de tipo espartano"[13]. Señala también «El impacto destructor de todo ello sobre la imagen corporal del joven Schreber» (Ibíd., 222): «sus métodos violentos, teñidos de sadismo, los que utilizados por él [Gottlieb] en esta lucha [contra la masturbación] impidieron por lo menos a uno de sus hijos establecer una identidad para sí, en particular una identidad sexual» (NIEDERLAND 1959a, 188). En opinión de Katan, el hecho de que «el ojo del padre estaba continuamente fijo en él» (KATAN 1959, 69), la invasiva mirada del padre, las constantes pruebas y exámenes crueles mediante los cuales Gottlieb Schreber sometía a su hijo «de ninguna manera obtuvo buenos resultados. Las pruebas, en lugar de tener un efecto de control, excitaban en gran medida al niño» (KATAN 1959, 73); en otros términos, en lugar de ser el perturbador de la satisfacción sexual del niño, de la "voluptuosidad", el padre exigía el goce (FREUD 1911, 52). Del sadismo del padre Katan deduce que «Una actitud femenina masoquista[14] fue el resultado: Schreber renunció a su propia masculinidad y, en cambio, admiraba la masculinidad de su padre» (KATAN 1959, 71), sin poder "identificarse" con él.

Sadismo del padre, "masoquismo" del hijo: creemos poder concluir del análisis realizado por estos autores sobre la vida y obra del padre de Schreber que la perversión (o un rasgo de perversión) del padre tuvo consecuencias y se continuó en la locura del hijo, en sus delirios.

Como señala Lacan en el epígrafe que enmarca nuestro trabajo -a propósito de Joyce y del cristianismo, y que nosotros hacemos valer también para Schreber-: entre el padre y el hijo hay relación[15]; la locura del hijo se anuda a la perversión del padre. A diferencia del padre "perversamente orientado" (aquel que hace de una mujer objeto a causa de su deseo), esto es, de la "père-version" como función de anudamiento -de sinthome-, Gottlieb Schreber parece haber hecho de su hijo un objeto de su investigación y de su perversión, de su sadismo. Creemos, como Niederland y Katan, que la perversión del padre tuvo entonces un efecto de enloquecimiento en el hijo, en la psicosis de Schreber. Ahora bien, el delirio en su carácter de intento de restitución, en su función de anudamiento, da cuenta de una función de encadenamiento de la locura: la locura de Schreber, es decir, su delirio, intenta anudar lo que se presenta como perversión del padre. Es por ello, tal vez, que en la "boludez religiosa" (LACAN 1974-75) del autor de las Memorias proliferan las referencias a la obra de su padre.

La locura y la perversión universalizadas ("todo el mundo es loco, es decir, delirante" y "toda sexualidad humana es perversa") al mismo tiempo que señalan una falla estructural para todo ser hablante suponen a la vez ya una función de anudamiento, de encadenamiento, un intento de reparación de ésa falla, de la relación sexual que no hay; es por ello que locura y perversión han sido incluidas dentro de una "clínica universal del delirio" (MILLER 1993)[16]. Creemos que del trabajo que aquí hemos hecho puede concluirse, para el caso Schreber, el efecto enloquecedor de la perversión paterna y la función reparadora (o de intento de reparación) de la locura del hijo.

Finalmente, así como Lacan propone para el caso Schreber que hay metáfora… delirante, proponemos que para éste mismo caso de psicosis se puede plantear que hay "versión del padre", que hay transmisión paterna… loca. Ahora bien, ¿no es acaso "loca" toda père-version? ¿Habría una versión del padre que no fuera delirante? Creemos, sin embargo, que la locura de Daniel Paul Schreber anudada a la perversión de Daniel Gottlieb Schreber no es la locura de "todo el mundo", la locura y la perversión "universales"; como decía Pascal: "los hombres están tan necesariamente locos, que sería estar loco de otra locura no ser loco".

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • BARROS, M. (2012): "El predicador", en Ancla 4/5, Revista de la Cátedra II de Psicopatología, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2012.
  • BAUMEYER, F. (1956): "El caso Schreber", en Los casos de Sigmund Freud 2. El caso Schreber, Buenos Aires, Nueva Visión.
  • DELEUZE, G. (1967): Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel, Buenos Aires, Amorrortu, 2008.
  • FREUD, S. (1911): "Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente", en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2007, vol. XII.
  • GODOY, C. (2012): "Auxiliares de Dios", en Ancla 4/5, Revista de la Cátedra II de Psicopatología, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2012.
  • LACAN, J. (1955-56): El seminario. Libro 3. Las psicosis, Buenos Aires, Paidós, 2007.
  • KATAN, M. (1959): "El más allá de Schreber. Su construcción ("Aufbau") y su caída", en Los casos de Sigmund Freud 2, Óp. Cit.
  • LACAN, J. (1958): "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis", en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.
  • LACAN, J. (1962-63): El seminario. Libro 10. La angustia, Buenos Aires, Paidós, 2007.
  • LACAN, J. (1974-75): El seminario. Libro 22. RSI, inédito.
  • LACAN, J. (1975-76): El seminario. Libro 23. El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006.
  • LACAN, J. (1978): "Para Vincennes", inédito.
  • LEIBSON, L. (2012): "Padre no hay uno solo. Versiones del padre en las psicosis", en Ancla 4/5, Revista de la Cátedra II de Psicopatología, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Ancla Ediciones.
  • MILLER, J.A. (1993): "Ironía", en Uno por Uno, Revista Mundial de Psicoanálisis (Edición latinoamericana), nº 34, Eolia, 1993.
  • NIEDERLAND, W. G. (1951): "Tres notas sobre el caso Schreber", en Los casos de Sigmund Freud 2, Óp. Cit.
  • NIEDERLAND, W. G. (1959a): "Schreber: padre e hijo", en Los casos de Sigmund Freud 2, Óp. Cit.
  • NIEDERLAND, W. G. (1959b): "El 'mundo milagroso' de la infancia de Schreber", en Los casos de Sigmund Freud 2, Óp. Cit.
  • NIEDERLAND, W. G. (1960): "El padre de Schreber", en Los casos de Sigmund Freud 2, Óp. Cit.
  • NIEDERLAND, W. G. (1963): "Nuevos datos y hechos importantes del caso Schreber", en Los casos de Sigmund Freud 2, Óp. Cit.
  • NIEDERLAND, W. G. (1968): "Schreber y Flechsig. Una contribución más al 'núcleo de verdad'", en Los casos de Sigmund Freud 2, Óp. Cit.
  • ROUDINESCO, E. (2014): Freud. En su tiempo y en el nuestro, Buenos Aires, Debate, 2015.
  • SCHEJTMAN, F. (2012): "Père-version y sinthome, delirio y psicopatía", en Memorias del IV Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2012, Vol. III.
  • SCHREBER, D. P. (1903): Memorias de un enfermo de nervios, Madrid, Sexto Piso, 2008.

NOTAS

  1. "Gottlieb": amado de Dios. En ocasiones su nombre figura como "Gottlob" ("alabado sea Dios"). En adelante nos referiremos a él como Gottlieb, y a su hijo como Paul. Niederland destaca la importancia, en el delirio de Paul, de «los nombres del padre, Daniel y Gottlieb» (NIEDERLAND 1951, 174). Todos los destacados en las citas, a menos que se indique lo contrario, son nuestros.
  2. Daniel Gustav, el mayor de los hermanos (a cuyo suicidio hace referencia Freud), fue químico, sufría de parálisis y se suicidó de un tiro a los 38 años tras ser nombrado juez de la Corte Sajona provincial de Bautzen (NIEDERLAND 1963, 246-47). Anna Jung vivió 104 años; era dos años mayor que Daniel Paul, el tercero de los hermanos. Sidonie Schreber, 4 años menor que Paul, «permaneció soltera y al final "ya no estaba mentalmente del todo bien"» (BAUMEYER 1956, 29). Finalmente Klara Krause, la menor de los cinco hermanos, se casó con un juez de distrito y fue quien al parecer mostró mayor interés por el autor de las Memorias (ídem.).
  3. Publicó diecisiete o dieciocho libros y folletos, dedicados a la anatomía y la fisiología humana, la higiene, la cultura física y la educación sanitaria (NIEDERLAND 1960, 200).
  4. En el texto citado se pueden encontrar ilustraciones de este "complejo sistema" de cinturones, correas y aparatos para sujetar y enderezar el cuerpo.
  5. Según el doctor Gottlieb Schreber se debe enseñar al niño a «pensar en Dios al final de cada día, a revisar los sentimientos y acciones del día… a fin de ver reflejado su ser interior en los puros rayos de Dios, el amoroso padre universal» (citado en NIEDERLAND 1959a, 193).
  6. Según Niederland su "fervor misionario" en difundir sus ideas estaba destinado a que "surgiera una raza de hombres más fuertes" (Ibíd., 191), "una raza humana superior y más sana" (Ibíd., 187). Elizabeth Roudinesco (2014, 162) inscribe a Gottlieb Schreber en la tradición de la "pedagogía negra".
  7. Deleuze (1967) ha destacado el carácter argumentativo, pedagógico y de prédica de la obra del Marqués de Sade en particular y de la posición sádica en general, caracteres que parecen poder aplicarse también a la obra del padre de Schreber. Acerca de la función de la demostración y la prédica en la posición perversa, cf. GODOY 2012 y BARROS 2012.
  8. Además de las numerosas ilustraciones de órganos del cuerpo humano que proliferan en los escritos de Gottlieb Schreber y que al parecer éste mostraba a sus hijos, Niederland informa que desde 1844 (cuando Daniel Paul tenía dos años) los Schreber se mudaron al Instituto Ortopédico de Lepzig; en dicho instituto «estas personas lisiadas y mutiladas se mezclaban libremente con los niños Schreber» (NIEDERLAND 1959b, 225).
  9. Si bien, claro está, no pretenden que "la patología del hijo se derive en forma directa de la del padre" (NIEDERLAND 1960, 202). Es que nada impide, o no necesariamente, que un padre de este tipo pudiera tener un hijo obsesivo, histérico, perverso, etc. Los autores se topan aquí con el problema del determinismo y de la "elección" de la neurosis, la psicosis y la perversión.
  10. «Schreber aún llamaba con amabilidad "eufemismos" a los nombres que utilizaba su padre y que significaban lo opuesto de lo que resultaba su tratamiento. (…) En la disparidad entre las palabras del padre y sus acciones debemos entender la expresión "eufemismos" tal como la utilizaba Schreber» (KATAN 1959, 71).
  11. Así, los milagros de "estar atado a la tierra", "estar amarrado a rayos", o el "milagro de comprensión del pecho" que relata Paul en sus Memorias son reconducidos por Niederland a los aparatos ortopédicos inventados por Gottlieb para mantener rígida la postura del niño. Cf. también NIEDERLAND 1959b, 215-227, donde analiza el "milagro del frío y el calor".
  12. «La comparación de los textos de padre e hijo a veces torna difícil saber exactamente dónde termina la mitología médica del padre y empieza la mitología delirante del hijo» (NIEDERLAND 1959b, 220).
  13. «Con respecto al padre, se podría concluir que era el tipo de "padre simbiótico" cuya presencia, que se hacía sentir en todo momento, usurpación del rol maternal y otras características dominantes (abiertamente sádicas así como paternalísticamente benevolentes, punitivas así como seductoras) se prestaban a unirse en la extravagante jerarquía de Dios característica del sistema delirante del hijo. (…) algunas de las experiencias de la infancia de Schreber antes mencionadas aparecen en forma de delirios "milagrosos" durante el proceso psicótico» (NIEDERLAND 1959b, 214).
  14. Debe distinguirse el "empuje a la mujer" (que, en la psicosis de Schreber, se trasluce en la fantasía de duermevela, el almicidio y la emasculación) y la posición de pasividad frente al goce del Otro, de una posición francamente masoquista, perversa.
  15. Sobre la existencia de la relación sexual en tanto que "incestuosa", y su lazo con la concepción de la père-version, el sinthome y la "psicopatía" en la última enseñanza de Lacan, Cf. SCHEJTMAN 2012, 703-4.
  16. Lo cual no anula la distinción entre neurosis, psicosis y perversión. Hay distintos modos de suplencia: no es lo mismo para un sujeto suplir la no-relación sexual con el significante del nombre del padre que hacerlo sin él, ni tampoco tener que suplir la forclusión misma de ése significante.