Revista de la Cátedra II de Psicopatología | Facultad de Psicología | Universidad de Buenos Aires
ANCLA 7 - "Locuras y perversiones II"
Septiembre 2017
CASOS

Cuestión de peso

Romina Galiussi

Naturalmente, hay mejores.
Hay mejores, salvo que lo mejor, como lo dice la
sabiduría popular, es lo enemigo de lo bueno.
Del mismo modo que plus-de-gozar proviene
de la père-version, de la versión a-pèr-itiva del gozar.
Allí no se puede nada. El parlêtre no aspira más
que al bien de donde se blande
siempre en lo peor (pire).

J. LACAN 1974-75, 8/4/75.

Si no podemos ver claro, al menos
veamos mejor las oscuridades

S. FREUD 1925, 118.

Este trabajo presenta un caso en el que se destaca la dimensión père-versa puesta en juego en el síntoma. Asimismo, el interés de compartirlo radica no solo en continuar aquella orientación que obliga a interrogarnos y dar razones de nuestra práctica (cf. LACAN 1976, 42), sino también en situar la perspectiva que el análisis puede ofrecer al apremiante sufrimiento subjetivo que impera en esta época y su urgencia.

1. Malos tratos

Una paciente de 22 años -Ana Paula[1]- se presenta a la consulta muy angustiada, refiriendo que una compañera la "maltrató verbalmente" porque "no quiso hacer un trabajo ordenado por ella". Ésta le habría dicho: "¡Apurate nena!, ¿dónde te pensás que estás?", y la paciente refiere -en sesión-: "No es mi jefa y no tiene por qué tratarme así". La consecuencia de este incidente fue lo que ella llama un "Ataque de pánico": "Entré en pánico y no pude decirle nada, no podía abrir la boca y me empecé a ahogar". Cabe mencionar que trabaja en una fábrica cosmética, en la cual realiza su actividad en serie, donde le exigen una velocidad "muy fuerte". Agrega que se encuentra con licencia médica, no sabiendo qué decir cuando vuelva. Destaca el rechazo por parte de dichas compañeras, quienes en varias oportunidades le habrían cuestionado su permanencia allí, diciéndole, y es lo que subrayo, que ése no era su lugar.

En primer término, señalo las dificultades existentes a partir de un accionar que, al comienzo, sólo seguía las vías de la impulsividad entre la angustia, los ahogos, la inapetencia o los vómitos, todas manifestaciones de esa zona del cuerpo y su afección en la imposibilidad de interacción. Y, asimismo, el obstáculo que ello comportaba para la puesta en marcha del dispositivo, no habiendo, en un principio, lugar para la palabra o su dialéctica. No obstante, había un lugar, y ello mismo fue configurando un marco para que la palabra surja. En relación con ello, me interesa subrayar su reticencia a la asociación, refiriendo que "su tema es solamente laboral", preocupada "por los ataques" y por aquello que iba a decir al volver a su trabajo. Y la referencia era solo esa temática, se angustiaba, contaba en qué momentos se ahogó o no pudo hablar o comer, en una monotonía que la llevaba una y otra vez a las situaciones de maltrato laboral que había padecido, y al "odio" que le generaba no haber podido decir nada en esos momentos. Ante esa inercia y repetición, me pregunto si esto constituye un fenómeno elemental como parte de un perjuicio reivindicativo o un síntoma actual, aquel delimitado ya muy tempranamente por Freud en los ataques de angustia con presencia de ahogos, disnea, dificultades en la respiración, a los cuales ubicará dentro del complejo de grupos sintomáticos que conforman la Neurosis de angustia, una Neurosis actual que, a diferencia de las Neurosis de transferencia, carece de mecanismo psíquico.

A ella le urgía poder contestar en su trabajo, mientras la opacidad del cuerpo decía de su extrema delgadez. A partir de ello, delimito estos distintos elementos que ella enmarca en bloque como Ataque de pánico, no solo por su modalidad de goce sino también de lazo al Otro, recortando el tema de la imposibilidad de hablar e intentando ubicar la coyuntura en la que ese síntoma surge. Ello no fue ajeno al "doloroso camino de la transferencia" (cf. FREUD 1909, 164) ya que "solo quiere hablar de su trabajo y ¿qué más quiero saber?", que "¿qué va a hablar de su casa? si en su casa no habla con nadie". Acentúa que "solo asiste para que la terapia le de herramientas para fortalecerse y afrontar el problema laboral"…"esta costumbre que tienen de preguntar en vez de decir qué hacer". Destaco esta repetición en la falta de diálogo en ambos lugares, señalando la diferencia entre el problema actual y lo acontecido en su casa como algo ya cerrado. Responde que "Eso ya fue, a mi viejo no lo trago, es insoportable". Ello a partir de diversos maltratos y cuestionamientos de su parte. Y esto lleva a una serie que se repite desde la adolescencia. Señala que la relación con los hermanos y su madre es mejor -sobre todo con esta última-, en donde todos comparten, no el amor o el respeto (cf. LACAN 1974-75, 21/1/75), sino el temor hacia el padre, en una función que ha dejado su huella en el síntoma. Él le cuestiona lo que hace, lo que consume y lo que gasta. Su padre es contador y "ninguno en la familia lo soporta por sus exigencias en el orden y la economía del hogar". Según la paciente, "es insoportable, lo odio, no me deja vivir". A ella le habría exigido que trabaje pero cuando ingresó a la fábrica -cercana a su casa- le reclamó: "¡¿Ahí te fuiste a meter?!... muy fuerte". Afirma haber comprado muebles y artefactos pero -sostiene- "mi papá no me los deja usar porque es su casa, tengo una tele que no puedo ver y así todo. Lo odio, no me deja vivir". "En mi casa no me siento nunca, nunca como, o como y vomito, no puedo comer; en mi casa hay dos freezers llenos pero yo no puedo pasar nada de ahí". Y agrega que por ese motivo no habla y nunca come con ellos, o come y vomita porque "le cae mal, por los nervios, porque no puede pasar nada de allí". Sin embargo, destaco que este problema en la conducta alimentaria no constituye el motivo de consulta para ella. No obstante, esto lleva a ubicar una serie, una posibilidad de historizar ese maltrato, articulando la coyuntura del trabajo con aquello acontecido en su vida durante años.

Particularmente, los síntomas alimentarios que comienzan en la adolescencia dan cuenta de ello, ya que han funcionado como una solución problemática, como forma de dar respuesta a la expulsión, el maltrato y desamor paterno. Y así es como la cura avanza en esta dirección, a partir de entender sus síntomas como respuesta a una historia de padecimientos, relacionada con aquello intragable que no hallaba al comienzo curso ni tramitación. Freud ya lo ha planteado en estos términos en Estudios sobre la histeria, y es la misma perspectiva histórica que destaca Lacan en el Seminario 25, al afirmar que la "historia es la histeria" (LACAN 1976-77, 20-12-1977).

Así, a fin de poder maniobrar con esto que opera como obstáculo, establezco una relación entre los ahogos, el no poder tragar y la imposibilidad de decir. Frente a ello vuelve al tema laboral y responde que una vez estaban en el baño del trabajo cambiándose, cuando entra esta compañera -junto con otras- y le abre el guardapolvo, afirmando: "Rubia y flaca, ¿qué hacés trabajando acá?, chiquita este no es tu lugar". Frente a la "burla" de todas, refiere haber "quedado muda, como era nueva no sabía qué hacer. Cómo me dejé tratar así por esa negra". No obstante, refiere que "igual tienen razón, yo no tengo nada que ver con ese ambiente, no sé por qué me metí a trabajar ahí, pienso que para tener lo mío". Se destaca que el nivel socio-económico de su familia es "más elevado", y tanto su padre como su novio y la familia de éste han cuestionado su ingreso allí.

Por otra parte, de su vida en pareja refiere que su novio -con quien está desde los 16 años- "es un egoísta y sólo se fija en él, pero lo quiero y por eso lo banco".

Sus hermanos, su madre y el novio la llaman "Paula", mientras que su padre y sus compañeros de trabajo la llaman "Ana". Al preguntar si hay similitudes o diferencias entre ambas, sostiene que Paula es "la que banca pero dice, mientras que la segunda es la que calla, la que se traga todo y obedece".

2. Una falta…de lugar.

La paciente se ha presentado como Ana, no obstante, comienzo a llamarla Paula. Le planteo que algo debemos comenzar a hacer respecto de esta falta de aire, de comida y de lugar, indagando las posibilidades que le permitan poder situarse de un modo diverso frente a los distintos lugares que, paradójicamente, no le dan lugar. Señala no querer irse de su casa "porque esperaba irme con mi novio y por eso compré todas las cosas, pero su familia no me quiere, soy una negra para ellos". Pregunto y responde: "Porque a la madre y la hermana no me les callo". Ella aparece, frente a su suegra y su cuñada, como una "loca o quilomberita" -en relación con los conflictos que tiene con su novio, donde ambas lo defienden u ocultan lo que hace-. Señalo que en los otros ámbitos se calla y no obtiene mejores resultados, intentando delimitar el estatuto del callar o bien, decir. Responde que a su padre no le contesta porque es su casa, agregando que vive allí y no paga nada. Afirma: "No pongo un peso y todo lo que voy comprando lo guardo para mí". Señalo, por un lado, la falta de peso y, por otro, que dicho peso, pesa, anulando la gratuidad de la estadía en función de sus síntomas. De este modo, en esa relación costo-beneficio, ella comienza a subjetivar una posibilidad de elección y en consecuencia, de pérdida, allí donde para ganar un lugar tiene que poder perderlo.

Así, entiendo a los ahogos y los síntomas alimentarios a partir de una falta de lugar y de una relación signada por el maltrato, el maltrato paterno actualizado y conmovido por el maltrato de sus compañeras, en donde ambos le hacen sentir que ése no es su lugar. Los síntomas alimentarios y su accionar en la casa le otorgaban un lugar problemático cuya función era generarle un vacío al padre visto como terrible, consistente, que los somete a un orden sin falla. Y la respuesta consistió en no ponerle un peso por su desamor y su falta de alojamiento, hasta que la situación angustiante y de maltrato laboral viene a conmocionar, a poner en cuestión ese incomodo lugar en el que se sostenía, pagando el precio de vaciarse a sí misma. Se trató de abordar dicho armazón y cuestionar aquello donde ella, si bien está ahí, no pone nada y a la vez no puede pasar nada de allí; en el peso de lo que no se da y, por el mismo peso contradictorio del síntoma, se le vuelve encima. Es en función de ello que se interviene respecto de su posición, a fin de poder subjetivar la pérdida y dando cuenta también de las dificultades ubicadas al comienzo en su renuencia a perder ese lugar que, paradójicamente, la dejaba sin ninguno.

Se inicia entonces una etapa de búsqueda, no sin angustia. Cabe señalar que el tratamiento, según ella, "lo tenía pago por su trabajo"; sin embargo, lo gratuito no fue sin costos. En una oportunidad llega a la sesión manifestando temor ante una "baja de presión", motivo por el cual "compró una bolsa de palitos salados"; sin embargo no los comió, ya que "era para tener algo en la mano". Luego de un tiempo bajo el primado de la angustia y, posteriormente, cierto entusiasmo por lo nuevo de la búsqueda, con ayuda de su tío consigue alquilar un departamento en el cual "vive, respira, cocina y come", agregando no sentir temor y que "la llena también no cerrar la puerta con llave y dejar las luces prendidas como signo de libertad", porque -afirma- "mi viejo siempre me gritaba: ¡Cerrá la puerta con llave!, ¡Apagá las luces!". "Cuando me mudé nadie lo podía creer, les tapé la boca a todos". Respecto de su padre, refiere: "Creo que no lo voy a querer nunca, pero ahora está más tranquilo, me habla". Se siente liberada y no obstante, hace todo lo contrario a lo que su padre le exigía (dejar las luces prendidas, la puerta sin llave), continuando amarrada allí.

Luego de esto -y una vez inserta nuevamente en la actividad laboral-, manifiesta tener intenciones de renunciar a su trabajo. Sus compañeras -aquella otra incluida- le dijeron que si lo hace "va a caer en la decadencia, no va a conseguir nada porque no sabe hacer nada". Cabe señalar que todo esto ocurre una vez que ingresa una compañera nueva, a la que -dice- "todos trataron bien, nadie la molestó ¿te das cuenta?". Refiere que su novio, fascinado por lo que la paciente pudo hacer al mudarse, se mudó con ella y le pidió renuncie a su trabajo, ya que "él la banca".

3. Desahogos

No renuncia -pues "ya los conoce a todos y dejó de ser la nueva"- pero convive con su pareja. Y como lo mejor es enemigo de lo bueno, tiene con él "una relación de idas y vueltas", molesta por sus llegadas tarde y su desorden. Así, el maltrato se reitera a partir de las ausencias de él -o de ambos en diversos lugares-, frente a las cuales la paciente, fiel a su herencia père-vertida, a veces lo espera y lo hostiga, pero también otras va a dormirse "dejando su plato sucio en la mesa y a él lo deja sin comer" para que, nuevamente, esa falta duela: "Así le doy al gordo donde más le duele". Se observa entonces cómo en este nuevo lugar se reitera igualmente la continuidad en serie en la relación con su novio, del cual se destaca la vertiente egoísta allí donde presentifica su ausencia y la paciente "se venga", en un intercambio que, a falta de dar lo que no se tiene -tal la definición de Lacan sobre el amor (cf. LACAN 1957-58, 217)- sigue las vías del desafío y la venganza, en una sustracción de comida o de dinero.

Y aquí se inicia un camino tan dialéctico como sinuoso respecto de su posición en la relación con un hombre, su sexualidad y lo femenino, entre la incesante queja y la risa que le genera "su tragedia" y "no poder dejar de ser tan come coco", afirmando que "se ríe por no llorar"; y, por momentos, cierta vacuidad, pensativa o reflexiva. En relación con ello, se comienza a preguntar por el lugar de ella en las ausencias de él, sosteniendo que desde hace mucho tiempo son novios, y diciendo, por ejemplo: "Nos conocemos de tan chicos, a veces siento que siempre fuimos como hermanos".

Este recorrido final nos permite leer estos fenómenos inmersos en lo que Lacan ha llamado la armadura del amor al padre (cf. LACAN 1976-77), esto es, aquel núcleo histérico que llevó a Freud a descubrir el psicoanálisis y que aún hoy revela su vigencia en su amorosa insistencia desafiante frente al amo contemporáneo. Y, a su vez, nos permite diferenciar el uso del diagnóstico como pura nomenclatura o como operador lógico en la dirección de la cura. Frente al vacío de lógica por parte del primero, el uso del segundo permite entender la lógica del vacío que ha regido en este caso, en el aperitivo de la privación, en el consumo de nada que ha delimitado tanto una modalidad de goce como de lazo al Otro. De esta manera, pensar la lógica en la que se inscribe este fenómeno permite efectivamente su resolución, pero a partir de delimitar un lugar, un espacio, en lugar de atiborrarlo.

Lacan invita a renunciar a quien no pueda leer la subjetividad de su época (LACAN 1953, 309), y es desde allí que se ha planteado este trabajo, con la dificultad irreductible que cada caso conlleva pero siguiendo la brújula freudiana a partir de aquello que aún hoy puede enseñarnos a ver de la clínica, los imperativos de la época y las oscuridades de los nuevos o "viejos" síntomas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • FREUD, S. (1925): "Inhibición síntoma y angustia". En Obras Completas. Buenos Aires, Amorrortu Editores, T. XX., 1976, 71-164.
  • FREUD, D. (1909): "A propósito de un caso de neurosis obsesiva". En op. cit., T. X, 1976, 119-251.
  • FREUD, S. y BREUER, J. (1893-95): "Estudios sobre la histeria". En op. cit., T. II, 1990, 1-325.
  • FREUD, S. (1895): "Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de "neurosis de angustia"". En op. cit., T. III, 85-115.
  • GALIUSSI, R. (2013): "La actualidad de un síntoma". En Revista universitaria de psicoanálisis. Volumen XIII. Buenos Aires, Secretaría de Investigaciones, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2013.
  • LACAN, J. (1977-1978): El seminario, Libro 25: El momento de concluir, inédito.
  • LACAN, J. (1976-77): El seminario, libro 24: L'insu que sait de l'une-bévue s'aile à mourre, inédito.
  • LACAN, J. (1976): "Apertura de la sección clínica". En Ornicar?, España, Porvenir, 1977, 37-46.
  • LACAN, J. (1974-75): El seminario, Libro 22: R.S.I., inédito.
  • LACAN, J. (1957-1958) El Seminario, Libro V: "Las formaciones del inconsciente", Paidós, Buenos Aires, 1999.
  • LACAN, J. (1953): "Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis". En Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2002, 227-310.
  • SCHEJTMAN, F. (2002): "Síntoma y padre". En Eidelberg, A., Godoy, C., Schejtman, F. y Soria, N., Porciones de nada. La anorexia y la época. Serie del Bucle, Buenos Aires, 2009.

NOTAS

  1. Ha sido modificado a fin de preservar la identidad de la paciente.