Revista de la Cátedra II de Psicopatología | Facultad de Psicología | Universidad de Buenos Aires
ANCLA 7 - "Locuras y perversiones II"
Septiembre 2017
CASOS

Dos modos de cierre de la estructura: inconsciente y cuerpo

Natalia Pettorossi y Tomasa San Miguel

Es el encuentro con una paciente, Ana, lo que nos motiva a intentar ubicar en la enseñanza de Lacan dos modos de cierre de la estructura: inconsciente y cuerpo. Desde allí señalaremos las variedades de las psicosis y su diferencia respecto de las neurosis.

La pregunta que nos causa, e insiste, es si es posible leer las trazas de un sujeto más allá de la estructura psicopatológica y, desde esa lectura, reescribirlas.

De lo inconsciente

En la respuesta a Ritter (1975), Lacan plantea dos formas del ombligo en tanto cierre: el del inconsciente y el del cuerpo.

El primero, al que llama ombligo del sueño en su retorno a Freud, responde a la letra como extracción del enjambre de Unos que hace a lalengua, síntoma letra, cicatriz de un vacío como modo de goce. Aquello que, en la neurosis, dará origen a la cadena S1-S2, orientada por la inscripción del Nombre del Padre, la significación fálica y la novela edípica.

Sin embargo, conviene destacar que Lacan en el Seminario 21 (1973-74) plantea que la noción de cadena fue su error en el texto Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis (1953), y que "los significantes no hacen cadena" y que "cuando se descifra se embrolla". Señalamos así, que lo que hace cadena es la neurosis abrochada en el mito del Edipo, con las consecuencias que ello acarrea, en principio de adormecimiento y debilidad mental, entendida como creencia en el yo y lo imaginario especular. Por esa vía, creemos que Lacan articulará más adelante su última distinción psicopatológica: locura o debilidad.

Por otro lado, subrayamos además la posibilidad de una versión del padre que logre otro tratamiento de esa letra, vía su decir encarnado, respecto de la castración y lo femenino, no totalmente articulado al discurso.

Entonces, el S1 dará cuenta de que la palabra tocó el cuerpo, trauma en su vertiente de "ausentido" donde cada uno inventará una solución a lo imposible de modo más o menos vital.

Lacan en el Saber del Psicoanalista (1971) dice que el analista arrinconará ese S1 al "pie del muro". Entendemos esta indicación, como una lectura nueva de una escritura paterna, quizás rígida.

En la psicosis, el S1 como significante suelto, se muestra en el desencadenamiento, efecto de cadena rota que implica el desanudamiento de la estructura y pone en marcha muchas veces los intentos de solución que la psicosis, mártir del inconsciente, tendrá a su cargo, por fuera del lazo social habilitado por el Edipo.

En esta línea podríamos pensar las variedades de las psicosis. La esquizofrenia nos enseña esa interpenetración entre Real y Simbólico, donde todo lo Simbólico es Real y la sobreinvestidura quedará del lado de la representación palabra, desligada de la representación cosa, lo que lleva a que en la psicosis se trate a las "palabras como cosas". Intentos de restitución que Freud subrayará y que implican reconstruir la realidad.

En la paranoia en cambio, se trata de una solidificación de cierta significación, donde el S2 se imaginariza, produciendo lo que Lacan ha llamado "pegoteo imaginario". El delirio allí funciona como parche dando consistencia al goce del Otro, adherido al S1, más como tapón que como marca o letra. A diferencia de la neurosis donde se constituiría el inconsciente en tanto cicatriz con lo Real y encuentro de dos fallas que preste un pliegue para la fuga de sentido estructural.

Distintos modos de tratamiento para la esquizofrenia, la paranoia y la neurosis, con las consecuencias que cada uno de ellos conlleva.

La pregunta que nos insiste y que intentará desplegarse aquí a partir del material clínico que nos causa, es si es posible leer de otro modo las trazas de un sujeto, más allá de la estructura psicopatológica incluso. Es decir, no sólo leer de otro modo las marcas que el encuentro con lalengua ha dejado en el parlêtre, articuladas o no al falo y el Nombre del Padre, sino también escribir nuevas trazas.

Lacan en La tercera (1974) dice que quedan marcas del hecho de haber sido rechazado, pero también aclara que eso puede ser mejor alojado más tarde. Contingencia que a veces se encarna en el encuentro con un analista.

Si hay algún modo de escribir nuevas marcas es en el encuentro de cuerpos que soporta el discurso, en este caso el discurso analítico. La escritura, en el cuerpo, depende de las marcas del analista y de quien consulta. Se espera del primero que pueda ofrecer la "buena marca" que Freud en su texto de La negación (1925) propone como aquella que permite la constitución del adentro y el afuera en el encuentro con el otro. Lo retomaremos más adelante.

Del cuerpo

Es también en La Tercera donde Lacan habla de otro "ombligo", hebilla o bucle: el del cuerpo, entendido como bolsa de agujeros y la imagen que responde por ellos. Repercutido éste por la pulsión, definida como el eco de un decir que articula el anudamiento Imaginario Real, constituyéndose el cuerpo como imagen, agujero y goce.

Luego resaltará la existencia del ombligo del cuerpo, aquella cicatriz en lo real del cuerpo que es testimonio de que somos seres placentarios y de nuestro enganche al otro. En ese sentido, el cuerpo más que como nudo Imaginario Real se lee como continuidad Imaginario Real. Nueva escritura que Lacan ensaya en el Seminario 24 (1976-77).

Ombligos, cicatrices, marcas, que inscriben el cierre de la estructura y que dependen de la lectura-escritura realizada por el amor del otro.

¿Por qué el amor lee y al leer escribe? Entendemos amor como castración, falla donde el ser viviente puede ser alojado vía el deseo, el vacío, de un modo vital, ubicamos allí la vertiente del padre que merece amor y no sólo respeto, a la que responde la vertiente más edípica, novelesca y en cierto sentido menos singular.

El amor es la transferencia que, según Lacan en el Seminario 21 (1973-74), es del analista, ya que es él el que ama al inconsciente en tanto saber que no hace cadena. Un decir que en tanto toca el cuerpo, ventila los afectos y logra por eso mismo "extinguir un síntoma". Decir que capta algo más allá de lo que es dicho, en tanto depende del encuentro, contingente, de cuerpos y el goce que allí se genera, al que Lacan llamará sobredeterminación en el Seminario 19 (1971-72) tomando el concepto freudiano.

Recordamos la indicación de Lacan, categórica, en su conferencia en USA, la psicosis es una falla en relación al amor. Evidentemente no habla allí del amor narcisista sino del "amor en serio" planteado por aquella época como aquel donde la castración "tiene mucho que ver".

Con el Seminario 21 (1973-74), anudamiento de tres, ubicaremos al analista en el verdadero lugar del amor, es decir el amor cortés, donde es lo imaginario lo que anuda. Imaginario anudado a la castración, imaginario no especular, más bien como superficie, sostenida del agujero, donde el decir hace eco.

Con el Seminario 23 (1975-76), establecido el concepto de sinthome, como 4to, père-version del padre, el analista es sinthome, anudamiento posible vía su artificio, oficio singular, del goce, la palabra y el cuerpo.

La pregunta es entonces, si el analista encuerpo en la psicosis puede leer esa marca e incluso si al leerla puede escribirla.

Es decir, si es posible pensar que la función de un analista es leer esa marca amorosamente, orientarla hacia un vacío vital que extraiga ese goce que no fue nombrado en términos fálicos en su momento, y crear algún artificio por el cual esa operación se produzca. Y en algún caso, al leer, crear esa marca que ordene el inconsciente como saber, y el cuerpo como imagen agujereada donde se aloje un deseo que haga lazo.

Pintura, lectura y reescritura

Ana (50 años) es derivada para iniciar tratamiento psicológico. Un conflicto entre ella y un compañero del taller de arte al que asiste motivan la derivación. Ana explica que fue atacada por un compañero.

En la primera entrevista dice que hay muchas cosas que ya habló, hace varios años, en un tratamiento anterior y no quiere hablarlas ahora. Respecto de comenzar un nuevo tratamiento plantea que le gustaría hablar del conflicto con su prima, "por lo menos tengo alguien con quien conversar". Le propongo entonces que conversemos.

Ubicamos aquí la posición que conviene a un analista: "someterse enteramente a las posiciones subjetivas del enfermo". Se construye un pedido claro: conversar, tener con quien, tener a alguien. Y en contraposición, la relación con su prima. Dos versiones diferentes del otro de lo imaginario: el goce de lo especular, por un lado, que resuena con aquello que motiva la derivación, donde el otro se le viene encima y otro modo del semejante, el amigo, otro que no lo goce y donde poder armar un "reflejo".

Cuenta diferentes momentos en los que su prima se pone violenta, tanto con ella, como con el resto de su familia. Relata distintas peleas cotidianas: dice que suele agredirla, perseguirla, romper sus cosas. La violencia se incrementó cuando su prima tenía 25 años, momento en que sufre una caída de altura y se golpea la cabeza. Por este motivo, Ana permanece la mayor parte del día sin salir de su casa, salvo los días que asiste al tratamiento o al taller de arte.

Se lee que la consistencia respecto del goce de la prima tiene como respuesta el retraimiento y el encierro. Solución que hasta ahora ha encontrado pero que parece no conformarla ya que la trae a la consulta.

Habitualmente hace referencia a la sospecha de que la estén tratando de intoxicar, sospecha que deja entrever pero que no explicita, y que atribuye a su entorno familiar.

Se constata aquí que no alcanza con el encierro, eso ingresa en su cuerpo, Ana testimonia de la indistinción adentro-afuera de la que la psicosis da cuenta.

Cuenta que en tres oportunidades recibió agresiones en el cuerpo (en esos momentos muestra las marcas de las mismas). Las versiones sobre esos hechos van variando, dice no recordar lo sucedido.

Muestra a su analista lo que para ella funcionan como cicatrices, leemos allí el intento de armar un cuerpo a partir de una hebilla, un broche que cierre el cuerpo que, de permanecer abierto, es terreno fértil para variadas intromisiones.

A lo largo de los distintos encuentros Ana va haciendo referencia a algunas situaciones vividas en su infancia. Prácticamente todas las explicaciones de lo que a ella le sucede remiten a aquel momento. Dice que comenzó a recordar con el "kirchnerismo".

Cuenta que de niña fue secuestrada junto a otros compañeros del jardín, dice haber estado en la ESMA. Relata hechos similares haciendo referencia a distintos secuestros y agresiones sufridas en la infancia (golpes, abusos). Episodios que solían producirle mucho sufrimiento y que se presentaban en forma intrusiva e imprevista. Actualmente ya no se siente molesta por los mismos. Prefiere no hablar de aquel momento.

A partir de una imagen sostenida en su analista intenta armar una historia sobre su infancia, no novelada, no recordada, aparece porque desde lo social se la convoca para ello.

Historización precaria que pone en juego la ausencia de un significante que ordene el linaje y el cuerpo ofrecido al goce del otro.

En ese sentido, creemos que la idea-cicatriz de las agresiones y sus marcas, hacen que, en un segundo tiempo lógico, y ofrecidas como marcas a su analista, se signifiquen de algún modo, armando un cuerpo lábil.

Fue en el 2003 cuando Ana comienza a escuchar voces. De aquel momento, refiere "había alguien que me seguía". A partir de allí "aparecen recuerdos" sobre su origen. Los temas que Ana trae a las entrevistas rondan en torno a su historia y la descendencia, siempre con un tinte de sospecha en torno a su familia.

Sospecha que sus tíos hayan estado involucrados en las denuncias de personas desaparecidas.

En otra oportunidad, hace referencia a la posibilidad de tener una hija desaparecida, a pesar de que refiere nunca haber estado con un hombre. Pregunta si lo que a ella le pasa puede ser hereditario, producto de algún gen.

Consideramos que el delirio sobre el origen, como S2, intenta escribir la letra, S1, del rechazo del Otro. No pertenecer a esa familia, con su correspondiente soporte biológico, le permite cierto alivio respecto de la consistencia del goce del Otro.

Ana comienza a asistir a un taller de arte, actividad que al día de hoy sostiene. La mayor parte de su día lo pasa dibujando, pintando y escribiendo. Dibujos que sube y baja de Facebook permanentemente, cuando estos son muy visitados retira las publicaciones.

Los lazos sociales de Ana trascurren principalmente mediatizados por sus producciones. Sólo se relaciona con sus compañeros del taller en el contexto de las clases. Dice sentirse tranquila al dibujar.

Esto mismo comienza a circular en nuestros encuentros, asiste a las entrevistas con algunos de sus dibujos y escritos o me envía fotos por mensaje. En algunas oportunidades me regala sus dibujos. Al mismo tiempo comienza a mandarme mensajes cada vez que piensa algo nuevo en relación a su historia. En algunas oportunidades puedo llegar a recibir 10 mensajes en un día. Al hablar con ella respecto de los mismos, Ana me dice que no es necesario que le conteste, me los envía para que esté al tanto, para que quede guardado y por si "llega a pasar algo".

Ubicamos aquí un trabajo propio que no sabemos si es previo o no al encuentro con su analista, arma un relato. Por un lado, las agresiones que dejan una marca, una cicatriz que da cuenta del origen y permite el intento de armar una imagen corporal que frena la fragmentación esquizofrénica. Anudamiento Real Imaginario que agujerea el goce del Otro.

En esa misma línea, va la teoría del gen y la genética, ombligo análogo que opera a nivel del sentido, circunscribiendo un vacío de sentido, una fuga, que permitiría la constitución de un sujeto y de un otro. Operación que ubicamos entre Imaginario-Simbólico.

Finalmente, entre Real y Simbólico, el goce fálico, letra del síntoma como avance de lo Simbólico en lo Real, extracción de un S1 a ser leído allí, en el encuentro, modo de goce singular en la pintura/escritura que aún no hace lazo o sólo muy esporádicamente ya que el goce del Otro amenaza con invadirla.

Es en el encuentro con un analista donde logra sostener un vacío en lo dicho, lo que permite agujerear el sentido. Esta es la pesadilla del psicótico en el testimonio de Schreber: "todo sin sentido se anula".

Es por esta maniobra que se instala la transferencia, otro que no la goza y tampoco goza allí.

Acompañar su testimonio, ayudar a su construcción son las maniobras siguientes a destacar y hasta aquí, historizar, reescribir su escritura, autorizando y alojando sus mensajes, incluso sus imágenes, fotos y cuadros que enmarcan la posibilidad de un trabajo.

Conclusión:

Planteamos dos modos de cierre de la estructura: uno a nivel del inconsciente y otro a nivel del cuerpo. Entendemos al cuerpo, siguiendo a Lacan como continuidad Imaginario-Real que lleva la marca de su ser vivo, formulación que sostiene la definición de parlêtre, hablante ser, como anudamiento del viviente y el decir. Es a partir de plantear estos dos modos de cierre de la estructura que nos preguntamos, cuál es la intervención posible para un analista.

Pensamos la función de un analista, como aquella que vía su deseo se sostiene como un cuarto eslabón, con los efectos que esto conlleva a nivel del anudamiento en los tres agujeros nominados por la escritura nodal: goce del Otro, sentido y goce fálico.

Si entendemos a la inscripción de un S1 como aquello que permite vaciar el goce del Otro y el goce del sentido, el analista al leer, "de otro modo", escribe un imposible, descompletando la estructura, efecto de nominación que toca un real. Lectura y reescritura que se dan soportadas en la transferencia como amor a la castración.

Finalmente entendemos que si hay algún modo de escribir nuevas marcas es vía el encuentro contingente de cuerpos que soportan el discurso, en este caso el discurso analítico.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Freud, S. (1925) "La negación" (2 ed. 11 reimp.), En Obras completas Tomo XIX, Buenos Aires, Amorrortu ediciones, 2009.
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